martes, 5 de febrero de 2013

Imposibilidades

Reíamos, como siempre, nuestras miradas se cruzaron mientras la sonrisa aun no abandonaba nuestros labios. Sus ojos se concentraron en los míos, bajo la mirada, se detuvo, tomo mi mano.

Yo no sabía cómo reaccionar, sabía que lo nuestro no podría pasar, por más perfecto que pareciera, era la vida misma que no nos dejaría estar juntos.

Solté su mano, que por unos segundos puso resistencia a dejarme ir. "Sé que lo sientes, igual que yo, no me puedes engañar".

Tenía razón era incapaz de fingir mis emociones y negar mis sentimientos.

Esos segundos de duda me distrajeron de sus movimientos, cuando reaccione me encontraba contra la pared y sus manos empujando mis hombros.

De repente una calle tan transitada, se convirtió en un pasillo largo y vacío. Su mano recorrió mi cuello, se plantó en mi mejilla y acaricio suavemente mi oreja.

Se acercó lentamente, tanto que podía sentir su respiración. Recargo su frente en la mía, paso un dedo sobre mis labios y aproximo los suyos un poco más.

Yo lo detuve y las palabras comenzaron a fugarse de mi boca:

- Necesito a alguien, a alguien que me acepte como soy, alguien al que no pueda engañar porque "me conoce muy bien", alguien que entienda mis silencios, que entienda cuando quiero callar y cuando quiero hablar, que me calle con un beso cuando esté perdiendo mis palabras en el aire, alguien que me haga sentir la mejor persona del mundo pero que sea consciente de que soy imperfecta, no importaría porque estaría consciente de que él también lo es, que me haga reír y que solo me haga llorar porque reímos demasiado, que yo lo haga feliz y que me haga feliz su felicidad. Necesito...

-"Shhhh."

Poso su dedo callando mis labios.

-"Déjame ser ese alguien, déjame despertarte con un pensamiento de amor, dame el privilegio de ser lo primero que pienses por la mañana sabiendo que incluso dormidos soñaremos el uno con el otro, déjame ser imperfectamente perfecto para ti. Solo dame la oportunidad"

Mi corazón latía muy fuerte, no entendía que era lo que estaba pasando, nunca me había sentido tan frágil y tan fuerte al mismo tiempo, de alguna forma el me transmitía toda la fortaleza que mi alma necesitaba.

Un terror intenso comenzó a invadir mi cuerpo, las lágrimas se desbordarían en cualquier segundo de mis ojos, no lo podía contener más. Pensando que quizás me arrepentiría segundos después de pronunciar las palabras que estaba a punto de decir respire hondo y totalmente consciente le confesé mi más grande miedo:

-Te quiero, te quiero tanto que no me perdonaría perderte, te quiero en mi vida, te quiero para siempre. El amor no es para mí, jamás he sabido amar y por un error mío no quisiera alejarte, perderte, extrañarte. Prefiero conformarme con ser solo tu amiga a que un día desaparezcas, que me convierta en un viejo recuerdo que solo ronda de vez en cuando por tu mente, no quiero, yo...

Comencé a desmoronarme ahí, justo enfrente de él, como una débil muñeca de porcelana, todos mis fragmentos caían en cámara lenta al suelo. Pero él seguía firme, delante de mí, inmóvil. Tomo suavemente mi mano, fundió la suya con la mía y me lanzo esa mirada que jamás he podido ignorar.

-"Te quiero, te quiero tanto que no me perdonaría perderte, te quiero en mi vida y te quiero en ella por siempre. Eres perfecta para el amor, solo que aún no lo sabes y lo único que nos separaría seria no llevar a cabo esta lucha por dejar atrás nuestros miedos. Prefiero morir antes de conformarme con ser solo tu amigo. Solo te puedo prometer que daré todo de mí, entregare mi ser completamente y me esforzare cada día para que seamos un recuerdo eterno e imborrable."

El ni siquiera permitió que yo terminara de entender todo lo que me había dicho, tomo el momento y lo hizo suyo. Deslizo sus dedos por mis mejillas, atravesó mis cabellos rozando mis orejas y poso sus manos sobre mi cuello. Jalo mi cabeza hacia él, yo no puse resistencia, cada vez nuestros cuerpos estaban más cerca y eso me estremecía. Sus labios, tan cerca de los míos, se desviaron y besaron la comisura de mi boca. Un escalofrío recorrió mi espalda, él se dio cuenta y se sonrió.

Nos sumimos en un beso sin fin, un beso con el que los dos secretamente habíamos soñado durante mucho tiempo, un beso que sellaba ese trato indiscutible que solo los amantes conocen.

Lo que paso después no tiene importancia, porque después de ese momento, toda la vida y sus cotidianidades se convirtieron en un segundo plano, porque a partir de ese momento él era mi todo, porque a partir de ahí jamás volví a ser la misma, porque él era todo lo que mi vida necesitaba, porque jamás me volví a sentir sola, desolada, ahogada, perdida. El acababa de rescatarme y fui feliz, como nunca lo imagine.

No hay comentarios: