martes, 5 de octubre de 2010

Willwoby

La primera vez que viajaba en tren, por supuesto obligada por mi padre, pensé que le había dejado en claro el hecho de que los trenes me parecían de lo mas anticuados y con un aire escalofriante, sin embargo el insistió en realizar nuestra travesía por este medio.

A pesar de mi descontento subí al tren, todo se veía como si estuviéramos en una película de época, había terciopelo por todos lados, madera, cuadros antiguos. Después de un largo pasillo al fin llegamos al camarote 12-B.

No me podía quejar, nuestro aposento era realmente lujoso, la vista era magnifica. Tome mi maleta y la coloque en el compartimiento. Mi padre se sirvió una taza de café, cogió su libro y se estableció junto a la ventana. Yo salí, guarde la llave en mi bolsillo y comencé a recorrer el tren. Cada vagón parecía ser idéntico al anterior, solo había una diferencia notable, el cuadro de una niña, siempre tenía el mismo pueblito de fondo pero conforme avanzaba entre los vagones en la pintura cambiaba la niña, cada vez más grande y triste, incluso se percibía cierto temor en su mirada. Llegue a una gran puerta de caoba, detrás de ella se encontraba el comedor principal del tren. Abrí la puerta lentamente, al entrar todos los comensales me miraron fijamente. Aun así busque una mesa.

Me acomode junto a un gran ventanal, me percate que el paisaje se me hacia familiar, tal vez de alguna foto, no lo sé, era un bosque extenso, pasábamos junto a un lago, el reflejo del sol era tan brillante que incomodaba. El menú parecía muy antiguo, las hojas casi se desbarataban en mis manos, alcé la vista buscando quien pudiera tomar mi orden, pero nadie parecía estar cerca, seguí leyendo. De repente sentí una presencia, volteé, era un camarero -¿Qué desea ordenar? - me pregunto con voz fría, hasta podría decir que con cierta repulsión.-- chocolate caliente, por favor – sonreí hipócritamente.

El chocolate estaba delicioso, a la temperatura perfecta, comencé a beberlo, cuando estaba por terminarlo sentí que mis ojos se cerraban, un ligero mareo se presento, empecé a balancearme, apoye mi frente sobre la mesa y perdí el conocimiento.

Se escuchaba un zumbido insoportable, desperté totalmente aturdida, me encontré sumergida en una inmensa tiniebla, había anochecido, una gran luna llena aluzaba unos siniestros abedules. Me levante lentamente, el comedor se encontraba totalmente vacío, los platos sucios seguían sobre las mesas, como si las personas se hubieran desvanecido. Sentí como un escalofrió recorría mi cuerpo, empecé a caminar, a buscar la forma de salir de ahí, comencé a impacientarme. Vislumbre una salida, un pequeño pasadizo que me llevo al siguiente vagón.

El pasillo se alargaba ante mis ojos, distintos espejos colgando en los muros, tras mi reflejo me parecía ver una obscura silueta, corría conmigo, junto a mí, mas rápido, se escondía, se asomaba, ¿alucinaba o en realidad había algo mas ahí? Un trueno me atemorizo, quise correr más rápido, quería salir de ahí lo antes posible, me exaspere perdí el equilibrio y tropecé con la alfombra, estaba en el piso no sabía cual decisión era la más sabia: si abrir mis ojos o dejarlos cerrados, pero tenía que moverme.

Mi corazón dio un vuelco en mi pecho de alivio y alegría al divisar las líneas doradas que caracterizaban a mi camarote, di los últimos pasos para quedar frente a la puerta, busque la llave en mi bolsillo, lentamente la introduje a la cerradura y gire. Mi padre aun leía, -¡padre!- exclame con lágrimas en los ojos. Se quedo inmóvil, me acerque lentamente y lo toque en el hombro, el tomo bruscamente mi muñeca - ¡que impertinente señorita! ¿Qué no sabes tocar? – su mirada era de desdén, ante su reacción me libere atónita. Inconscientemente volví sobre mis pasos. Un lúgubre boletero se introdujo diciendo con voz siniestra - llegamos a Willwoby, hemos llegado a Willwoby -.

Salí del camarote desconsolada, totalmente desorientada, mi mente se encontraba turbia. Mi único deseo era bajarme de ese tren inmediatamente. Trate de seguir al boletero pero ya no lo distinguía entre todas las personas, el vagón estaba colmado de gente, todos lucían tan sombríos, tan ausentes. Me abrí paso entre los pasajeros, a la distancia divise a un camarero, me acerque lentamente con cierto temor. Y con voz temblorosa le pregunte – disculpe ¿me podría indicar por donde descender del tren? – sin mirarme y con un gesto frígido en su rostro me contesto: “en el siguiente vagón puede esperar a la próxima estación.”

Me senté, observando a todos los que me rodeaban, vivos pero sin rastro de vida, sus miradas perdidas, fríos. El eco de una campana me regreso a mis sentidos, unas pisadas escalofriantes se acercaban, la puerta se abría pausadamente y un estremecedor rechinido me helo. Me estremecí una vez más al reconocer el sonido de pasos lentos, cada vez más audibles... cada vez más cerca - llegamos a Willwoby, hemos llegado a Willwoby -

Me alce estrepitosamente ¡tenia que ser un error! Ya habíamos pasado por aquí, estoy segura. Atormentada comencé a buscar una puerta, recorrí todo el vagón y al final se encontraba una pequeña ventana. Lentamente me acerque y con desasosiego observe a través de ella. Me quede inmóvil, una sensación de terror nublo mi juicio, no podía creer o mas bien no quería creer lo que mis ojos acaban de descubrir… era el mismo pueblo que estaba en las pinturas del tren. Estaba petrificada, estupefacta, poco a poco veía como nos alejábamos, cada vez mas arboles, mas vías, nos apartábamos paulatinamente del pueblo.

Poco a poco me apaciguaba, camine pausadamente hacia un sillón y me recosté, esperaría a que arribáramos a la siguiente estación para poder descender del tren. Ya no estaba segura de la realidad, ¿podía ser esto una tiránica alucinación? Tal vez era solo un mal sueño. Mi pensamiento se vio interrumpido por un escalofriante sonido…

Esas campanas, ese tintineo, no de nuevo, no por favor. - llegamos a Willwoby, hemos llegado a Willwoby - .

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